Cuando una persona se sumerge en la anestesia general, la vida eléctrica de su cerebro se reconfigura por completo. Las neuronas individuales se vuelven más silenciosas, como músicos de orquesta que han dejado de tocar sus líneas solistas. Al mismo tiempo, el cerebro comienza a generar ondas grandes, lentas y sincronizadas: la firma eléctrica del estado inconsciente. Este fenómeno se logró reproducir por primera vez en el laboratorio en asembloides cerebrales humanos, modelos tridimensionales en miniatura de circuitos neuronales cultivados a partir de células madre en la UCLA. Sobre los resultados de la investigación, publicada en la prestigiosa revista British Journal of Anaesthesia, la institución informó el 1 de octubre de 2026.
El director de la investigación, el profesor asistente de neurología Ranmal Samarainghe, y el autor principal, Daniel Toker, junto con su equipo, crearon a partir de células madre reprogramadas pequeñas redes neuronales, conectando neuronas excitadoras, neuronas inhibidoras y células gliales en circuitos tridimensionales funcionales. Cuando a este modelo microscópico se le añadió propofol —uno de los anestésicos más comunes en cirugía—, ocurrió exactamente lo que sucede en el cerebro vivo de un paciente bajo anestesia: las células individuales redujeron notablemente su actividad, mientras que toda la red comenzó a generar ondas lentas, sincronizadas y llamativas.
La paradoja de la anestesia es sencilla, pero al principio parece contradictoria: las neuronas «callan», pero el cerebro «grita» más fuerte. Imagina una orquesta en la que cada músico toca su propia melodía en momentos distintos: suena un caos y los instrumentos individuales apenas se distinguen. Luego los sonidos se vuelven más espaciados, pero es justo en ese momento cuando todos los instrumentos entran sincronizados en un ritmo lento apenas perceptible. Cada músico toca notablemente más bajo, pero cuando suenan a la vez, el sonido conjunto se vuelve, por el contrario, más nítido y claro. La anestesia funciona de manera similar: la coordinación de los impulsos neuronales refuerza la señal eléctrica total del cerebro incluso cuando la actividad de las células individuales cae en picado. Para comprobar el mecanismo, los investigadores bloquearon los receptores sobre los que actúa el propofol, y las ondas características desaparecieron al instante. Es más: para que surgiera este patrón se necesitaban precisamente las neuronas inhibidoras; los modelos sin ellas no producían ondas.
Los resultados adquieren un sentido fundamental gracias al minimalismo del modelo: los asembloides contienen únicamente circuitos corticales, es decir, de la corteza, y el tálamo —una estructura situada en lo profundo del cerebro y considerada durante mucho tiempo necesaria para la aparición de las ondas lentas— está totalmente ausente en ellos. Por lo tanto, una red cortical simple, por sí sola, sin la ayuda de estructuras más primitivas, es capaz de generar este sorprendente patrón de actividad. Esto resuelve un antiguo debate neurobiológico: el papel del tálamo en el cerebro vivo sigue siendo una cuestión importante, pero ahora está claro que el tálamo no es una condición obligatoria para la aparición de las ondas anestésicas.
Una aclaración importante: por sus propiedades, los asembloides se parecen más al tejido cerebral fetal en desarrollo que al cerebro maduro de un adulto. El estudio revela brillantemente los mecanismos eléctricos de la acción de la anestesia a nivel molecular y de red, pero la cuestión de la experiencia subjetiva —por qué no recordamos nada ni sentimos dolor— queda fuera de los datos obtenidos. No obstante, los resultados abren ante la neurobiología un camino desde el nivel molecular de la acción del fármaco directamente hasta el comportamiento de toda una red neuronal.
Esto significa que la ciencia dispone ahora de una herramienta experimental para estudiar con mayor precisión no solo la anestesia, sino también la epilepsia, las secuelas de los traumatismos craneoencefálicos y otros trastornos de la función cerebral en los que la actividad eléctrica normal se altera.



