En Rusia, la criptomoneda ha dejado de ser un fruto prohibido. El 21 de julio de 2026, la Duma Estatal aprobó una ley que, a partir del 1 de septiembre, introduce reglas claras para la circulación de activos digitales, y designa al Banco de Rusia como el principal regulador. Las transacciones ahora están disponibles para todos los inversores, a través de intermediarios con licencia, con pruebas y límites para los no profesionales.
Antes, la cripto vivía en una zona gris: la minería fue legalizada, pero el comercio seguía siendo arriesgado y opaco. La nueva ley crea infraestructura: casas de cambio de criptomonedas, depositarios digitales, corredores. Los inversores no cualificados podrán comprar las monedas más líquidas después de una prueba, pero no más de 300 mil rublos al año a través de un solo intermediario. Los cualificados tendrán acceso a toda la gama sin límites. Aún no se puede pagar con criptomonedas dentro del país, pero los exportadores e importadores podrán utilizarlas para realizar pagos en el extranjero sin restricciones.
El Estado obtiene varias ventajas de inmediato. En primer lugar, control: todas las operaciones a través de licenciatarios, con un período de transición hasta julio de 2027 para la obtención de licencias. En segundo lugar, impuestos y datos: los residentes están obligados a notificar al Servicio Federal de Impuestos sobre los activos en el extranjero. En tercer lugar, una herramienta para eludir las sanciones: los pagos transfronterizos en criptomonedas se convierten en un canal legal. Los inversores, por su parte, obtienen protección contra los estafadores y la posibilidad de canjear criptomonedas por derechos digitales rusos.
Para el ciudadano común, esta no es solo una noticia sobre una ley. El dinero que antes se escondía en carteras extranjeras, ahora se puede tener bajo jurisdicción rusa con reglas claras. Pero tampoco debe haber ilusiones: el límite para los inversores minoristas y la prohibición de pagos internos recuerdan que el Estado no cede completamente el control. Como el agua en un río, la criptomoneda ahora fluye por un cauce oficial, pero las compuertas permanecen en manos del regulador.
La ley también desarrolla el mercado de derechos digitales: se podrán emitir en redes públicas y negociar a través de intermediarios. Esto abre a los emisores nuevas formas de atraer capital y a los inversores, herramientas adicionales. Como resultado, Rusia no solo alcanza al mundo, sino que construye su propio modelo, donde la cripto sirve tanto a los intereses privados como a los objetivos estatales.
La pregunta principal ahora no es "¿es posible?", sino "¿cómo exactamente?". Aquellos que antes actuaban por su cuenta y riesgo obtendrán acceso legal, pero perderán el anonimato. Aquellos que esperaban una señal oficial, podrán entrar en el mercado sin temor. En cualquier caso, la relación de los rusos con los activos digitales cambia para siempre, desde la clandestinidad hasta una herramienta regulada.


